Mostrando entradas con la etiqueta Selkä. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Selkä. Mostrar todas las entradas

Con "O" de Orgullo

Ya está aquí el Orgullo... desde luego unos días para todos los gustos. Hay quien no comparte el "exhibicionismo" que se puede ver en la parade, hay quien lleva todo el año preparando una carroza, hay quien está deseando que llegue esta fecha para "por fin mojar" o quien no lo celebra por la misma razón que no se celebra un día de Orgullo Hetero.

Y tú, ¿haces algo especial? ¿sacas tu lado más fiestero? ¿o para tí todos los días son de Orgullo?

Corre

No pude pensar en nada más que no fuera correr. Huir, salir de ahí. Empecé a correr como si dos perros enfurecidos estuviesen persiguiéndome, con toda la rabia que salía de dentro. El corazón empujaba los pies, las lágrimas humedecían mi paso y las uñas se me clavaban en la palma de la mano. Ni siquiera podía oir la música que salía de los auriculares. Tenía una meta puesta al final del camino, donde nadie podía oirme, podía gritar y llorar todo lo que quisiese, nadie me miraría con cara de pena o como si fuese una tía rara.

Cuando por fin llegué al centro del bosque, me paré en seco, intentando recuperar el aliento. Las piernas me temblaban, creo que jamás habían hecho tanto esfuerzo físico. Pero había merecido la pena. Ahí me encontraba, en mitad de la nada, sola, rodeada de árboles que llegaban al cielo, piedras cubiertas de musgo y rastros de nieve en los laterales del camino. Ahí es cuando tenía que gritar y dejar salir toda mi rabia, toda mi tristeza. Pero no pude. Estaba demasiado hipnotizada por los efectos del mismo bosque, el olor a hierba húmeda, el aire limpio, el cielo azul que se expandía entre las ramas de los árboles.

Y por fin lo entendí. Somos efímeros. Sólo soy una diminuta parte de ese bosque, algo insignificante, como una hormiga. Y entonces entendí, que las cosas importantes sólo tienen la importancia que queramos darle.

Compañeros de trabajo

Quizá sea un bicho raro, pero me molestan muchas cosas de mucha gente. Gente hipócrita, falsa y trepa. Gente que de repente no es nadie y de un día para otro se convierten en un centro de atención inmerecido, sólo por contactos, por ser amigo de la persona adecuada. Aparecer en el momento adecuado; en el lugar adecuado. No importa la experiencia ni los conocimientos. Sé salado, cuenta algún chiste, y estás con la gente vip.

Será envidia, pero no lo veo justo. Y me jode, por el hecho de que le esté pasando a una persona que me cae (o caía) tan bien.

Cuando una amiga se va

No me grites, que no siento nada. Nada de lo que digas tiene el efecto que deberían tener las palabras de una amiga. No hay nada, sólo recuerdos y promesas rotas. Ilusa de mí, que pensaba que si una amistad no podía romperse con miles de kilómetros de por medio, no la rompería nada. E irónicamente, ahora apenas nos conocemos, teniéndonos a unas pocas calles.

La peor distancia no es la que pone la tierra, sino la que la propia gente crea.

Selkä

Calentamiento global

Abrí lentamente los ojos, sin saber exactamente dónde estaba. Al ver el tren en el andén de enfrente recordé que me había quedado dormida en la estación de metro. ¿Cómo había pasado? ¿Cuánto tiempo llevaba así? Antes de incorporarme ví como una chica con maletín se acercaba hacia mí. Me preguntó algo pero no entendí, pensé que quería un cigarro y dije que no tenía, que se me habían acabado. La chica se sentó a mi lado y me cogió la mano. Su reacción me sorprendió tanto que no podía hablar, ni moverme, esperaba que ella me explicase qué hacía ahí. Me preguntó cuántos años tenía, si estaba sola, si había cenado algo (es que me pensaba invitar a cenar?), y más cosas sin sentido que ya no recuerdo.

Se levantó, y con una mano en mi nuca y la otra sujetando mi espalda, me tumbó en el banco de la estación. Recuerdo el roce de su pelo en mi brazo, su suave tacto en mi cuello. Se acercó más a mí y me empezó a desabrochar la camisa, con prisa, como si estuviese urgente de alguna necesidad. Me puso la mano en mi pecho, el corazón me latía a mil por hora. De su maletín sacó una botellita, la acercó a mis labios y me dio de beber, poco a poco, acariciando mi cabeza. Yo me dejaba hacer, aunque me estuviese drogrando para después violarme, decidí dejarme llevar por sus acciones, que fuera ella la que me guiara hacia donde ella quisiera. La bebida estaba haciendo un efecto raro en mi cuerpo, y una sacudida me recorrió de pies a cabeza.

Abrí los ojos. Pero... ¿no los tenía ya abiertos? ¿dónde estaba? giré la cabeza y me encontré a mi lado a la chica, con una camiseta del Samur. "Tranquila. Tan sólo te has desmayado por el calor que hace en estos trenes..."

Selkä

Nombre: Selkä
Fecha: 1981. Madrid-España.
Profesión: Sobrevivir y pasar los días delante de un ordenador.
Descripción básica: Sin rumbo, sin futuro, capaz de recorrerse medio mundo para encontrar lo que busca.
Cada día acepta un poco más ciertas cosas: la soledad, que su madre diga que ya no es esa niña simpática de hace veinte años, y que los propósitos nunca se cumplen.