Mostrando entradas con la etiqueta Nine Simone. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nine Simone. Mostrar todas las entradas

Carreteras al cielo

Cuando llego al pueblo subo corriendo al granero para ver a mi chica. Hace el fresco de media tarde, las vecinas saludan a mi paso y yo corro por la calle Avempace. Arriba todo anda quieto, ninguna es más bonita que ella, pienso, y nos miramos calladas. Parece retarme medio apoyada en la pared, mientras una tenue luz traspasa las cortinas de saco. Esta vez, y tras casi un año sin verla, no puedo contenerme más y la monto allí mismo, sobre la rubia paja. Es un momento delicioso. Poco después, al caer la noche, bajamos al patio. La pongo boca arriba y la unto de aceite repasando uno a uno sus recovecos que ya me parecían olvidados. Su fina piel brilla bajo la luna, me deja tocar sus curvas y sus ángulos rectos, sus llanuras y sus montañas.
Nada es más emocionante que irme con mi chica. Al subirme encima de ella noto que vuelo. Es un sentimiento tan excitante, más que atrevido; orgásmico, un vértigo maravilloso en la boca del estómago. Está entre mis piernas y en mi sexo cada uno de sus movimientos me produce un fuerte estremecimiento. Luego me lleva a lugares donde nunca he estado y suelo pensar que nunca nadie ha llegado, o por lo menos no con la misma intensidad. La abrazo, nos movemos cada vez más rápido y en el cenit de nuestra velocidad ella dibuja un arco en la corteza de la tierra, y en ese momento yo podría tocar el cielo con una mano y el suelo con la otra. Sentirla tan cerca, rodeándola, brazo con brazo, mano con mano, agarradas las tengo, pie con pie, cintura con cintura. Por unos segundos creo que somos una misma, fundidas en un solo ser. Después del esfuerzo bebo el agua de su vientre, caliente tras el ejercicio. Nada más bajar de ese pedestal todo parece ir a cámara lenta, las piernas no me responden, el mundo se para. Caminar a ras de suelo me parece una tortura.
De vuelta a casa paseamos por el pueblo y la gente nos observa. Sé lo que piensan; demasiado peligroso, pero no me importa. Un hombre se acerca y mira a mi chica de arriba abajo, una pizca de envidia en sus ojos me hace sonreír:
- Menuda bicicleta de carretera llevas.
Sin duda, ninguna es más bonita que ella, vuelvo a pensar, pongo un pie en el pedal y me despido. La acojo entre mis piernas y la mezo entre mis brazos, pocas calles más allá el vértigo de correr con mi chica regresa de lo desconocido.

Nine Simone

¿Cuán sexy te sientes?

No es justo, el otro día empecé a hacer un test del cosmopolitan y no pude contestar ni la mitad de preguntas. Pues esto no va a quedar así, después de un intenso trabajo (de 5 min.) he adaptado el escrito para que cualquier mujer en profundo estado de aburrimiento pueda distraerse un rato independientemente de su tendencia sexual. He aquí el resultado de tan esforzado cambio:

1. Cuando pasas frente a tus compañeras de trabajo, y sientes sus ojos clavados en ti, tú:
a) Tratas de caminar con más seguridad.
b) Bajas la cabeza y te escurres rápidamente para que no puedan criticar tu ropa.
c) Te sonrojas, tartamudeas, te sientes un poquillo imbécil y cuando llegas a casa te conectas al Messenger para decirle a todas tus compis “¡Me ha mirado, me ha mirado!”.

2.Si te encuentras con alguien en un mal momento (con una colega, por ejemplo, cuando estás en sudadera y sin maquillaje), tú:
a) Te confundes, pero piensas que a ella también la han visto en situaciones similares.
b) Te despides rápido para que no te mire.
c) ¿Qué pasa? ¿Es que ir en sudadera y sin maquillar está prohibido por la constitución?

3. ¿Has sentido envidia de una mujer más linda que tú?
a) En realidad, pasas más tiempo preguntándote si otras mujeres te envidian a ti.
b) De vez en cuando miras a alguna mujer realmente bella y piensas: ¡No es justo!
c) En este caso no ha hecho falta adaptar ninguna respuesta. Creo que todas nos hemos sentido completamente identificadas con la b).

4. Cuando miras fotos en las que apareces con tus amigas, ¿cuál es tu reacción habitual?
a) Suprimes digitalmente o rompes aquellas en que no quedaste bien (más de la mitad).
b) Te gusta como te ves en la mayoría, y sólo destruyes las fotos en las que se nota tu celulitis o apareces con la boca abierta.
c) Suprimes digitalmente o rompes aquellas en las que sales abrazada a una ex (más de la mitad).

5. En una fiesta, ¿cuál es tu método para seducir a un hombre?
a) Mirarlo y esperar a que reaccione.
b) Reír, bailar y flirtear abiertamente.
c) Reír, bailar, intentar ignorarlo y cuando se acerca mirarlo con cara de “¿si quieres ligar con mujeres qué coño haces en un bar de ambiente?”.

6. ¿Te sientes cómoda exhibiéndote desnuda delante de tu hombre con la luz?
a) A veces te sientes un poco incómoda con un hombre nuevo, pero se te pasa pronto.
b) Comodísima, lo mismo si es un novio de años que uno acabado de estrenar.
c) Para llegar a una situación semejante tienes que estar muy muy borracha, así que en general no te enteras o no lo recuerdas.

A- Has marcado 6 respuestas a o b: Seguramente te sientas demasiado sexy o demasiado poco sexy. Si quieres saber exactamente lo que debes hacer con tu problema de autoestima puedes ir a la web del cosmopolitan y mirarlo, aunque yo no te lo recomiendo, estos tests son un timo.

B- Has respondido unas 6 respuestas c: Felicidades, eres lesbiana. Y bueno, ahora no te hagas la sorprendida que si has entrado en este blog es que algo sospechabas.

Nine Simone

Cursos acelerados o recursos desesperados

- El truco está en las miradas. Tú quédate quieta y cuando veas una que te gusta la miras fijamente.
- Vale. ¿Exactamente cuanto rato me tengo que estar hasta que haga efecto?
- ¿Qué pregunta es esa Nine? Yo que se, pues un rato.
- ¿Pero cuánto rato? ¿Una hora? ¿Dos horas? Que a mi no me importa, lo digo por saberlo.
Ligar, sí, esa extraña acción enamoratoria (o pillatoria en su defecto) que toda lesbiana jura y perjura no saber hacer. Eso si, ante la pregunta ¿Y cómo se liga? No hay ni una que se quede callada. En el poco tiempo que llevo atrapada en el mágico mundo del ambiente he llegado a acumular semejante manual de tópicos/idioteces varias que el día que una pobre inocente se me acerque a pasar el rato la cosa va acabar en un post bajo el título "Chistes de mal gusto".
- ¿Y cuando dices “mirar fijamente” te refieres con intensidad, sin pestañear, a los ojos o intimidando?
- Mujer, que se te vea predisposición pero sin asustarla. La típica mirada de ligar, vamos.
“La típica mirada de ligar”, el día que debieron enseñar eso en clase yo debía estar vacunándome contra la hepatitis Z. Y para colmo, si lo del contacto ocular te había parecido demasiado complicado, preguntando por ahí siempre encuentras a ese prodigio de la imaginación que ha hecho de ligar un arte:
- Yo tengo un truco infalible, ahora, solo sirve cuando llueve. Vas hacia la tía y le pegas con el paraguas en la cabeza. Y mientras se recupera y te disculpas pues ya habéis hablado un poco.
- ¿Y así se liga?
- Bueno, si el golpe va acompañado de que estas bastante buena pues sí.
- ¿Y para qué coño querría yo estrategias para ligar si estuviera buena?
Al final, y cuando ya te has pasado unas cuantas noches enganchada en la barra de cualquier antro “mirando fijamente” a una completa desconocida (o pegándole en la cabeza con un paraguas, si lo prefieres) te das cuenta de que el consejo “Se tú misma” (el día que alguien patente esta frase se va a forrar pero bien) no funciona tanto como una desearía. Por otra parte es bastante lógico, porque si para ligar solo se tuviera que “Ser una misma” yo no estaría en situación de no-me-como-un-torrao permanente. Llevo siendo yo misma desde hace 17 años, tendría que estar saliendo ya con Scarlett Johansson por lo menos.
Otro consejo típico, a la par que nefasto, es aquel de hazla reír. Pero a ver, alma de cántaro, ¿tú viste que Chiquito de la Calzada tuviera muchas novias? Pues es obvio que no funciona, y si no te lo digo yo: no funciona. Aunque lo que nunca se debe hacer, jamás de los jamases, ni que te de pánico el contacto directo, ni que la hayas mirado, aparaguado, deleitado con tu única personalidad, contado mil chistes, etc. es mandarle “el mensajito del amor”. Todavía recuerdo mi primer (y último) intento de escribir una carta de declaración. La afortunada era una sustituta de la profesora de inglés, y la cosa fue por aquí:
“Hola profe. Seguramente pienses que tengo un retraso mental ya que hoy en clase te he preguntado 15 veces cómo se escribe Hello, pero es que me encanta que te gires hacia la pizarra para poder verte el cu--- (cuello por detrás).

Tu admiradora secreta… o ya no tan secreta”

Nine Simone.

Calamidad

He aquí una cita de un artículo de hace...un mes más o menos (la actualidad no es lo mío):

“Ewa Sowinska, representante del organismo de defensa de la infancia de Polonia, ordenó a un grupo de psicólogos que investigaran el comportamiento de un inocente personaje infantil. Morado, con una antena triangular y acompañado habitualmente de su característico bolso rojo, Tinky Winky podría, según la funcionaría polaca, promover la homosexualidad entre los pequeños”

Y yo me digo ¡Esto es una calamidad! ¿Cómo que van a investigar SOLO Tinky Winky? ¿Y qué pasa con toooooodos los demás dibujos animados? Para empezar por lo gordo, deberíamos retirar por completo las reposiciones y grabaciones de Barrio Sésamo, esa impura y sodomizadota serie en la cual dos hombres, de nombre Epi y Blas, y con serias deficiencias mentales según mi parecer, ¡Se iban a dormir juntos! (que fueeeeeerte). No hablemos ya, a las que de jóvenes nos pilló la moda de las series manga. Ranma, por ejemplo, trataba de un chico que se convertía en chica en contacto con el agua fría. No explicaré más, tampoco creo que haga falta. ¿Y Calimero? ¿Es que ya nadie se acuerda de Calimero? Ese pollito feliz con más pluma que un avestruz de tres pisos. Lo veías y pensabas menuda suerte tiene el carbón que aun no ha salido del cascarón y ya tiene novia. ¡Inocente! lo que pasaba es que tenía novia precisamente porque no había “salido del cascarón”. Es más, Vickie el Vikingo, pobre niño indefenso obligado a navegar a través de los siete mares en un barco hiperpequeño (ni las pateras son tan pequeñas como ese barco) acompañado tan solo de hombres barbudos y que se pasaban to’ el santo día a pecho descubierto. ¿Quieres más pruebas? Por Dios, ¡se llamaba Vickie! Y ya puestas, serie seriamente sospechosa: los pitufos ¿Alguien se ha planteado cómo se reproducían los pitufos? Porque, según me acuerdo, había el pitufo carpintero, el pitufo pintor, el músico, el sabio, el jardinero y…. ¡sí! La Pitufina. No es por nada, pero la Pitufina llenando un formulario debía ser tronchante. Me lo imagino; Nombre: Pitufina, Género: Mujer, Ocupación: ¿Mujer? Pero de vuelta a lo nuestro ¿300 pitufos macho y 1 pitufa hembra? Que alguien me lo explique porque las pelis porno están bien para entretenerse un rato pero tampoco hacen milagros…
En fin ¿Es que nadie va a pensar en los niños? Mira como me quedé yo, que debería estar empachándome de bikinis en la playa y estoy aquí preguntándome follaban los pitufos. Y ahora en serio: señora Eva Sowinka, usted lo que necesita es menos psicoanalizar, ¡y más pitufaaarrrr!

Caperucita roja

Había una vez una chica, la llamaremos Capuru por eso de las confianzas, que estaba haciendo, muy aplicada ella, sus deberes de Química. En estas su madre la llama para que vaya a llevarle a su abuelita las pastillas de la hipertensión:
- Caperu, llévale a tu yaya la medicación, que está medio senil y ayer se la dejó en el piso.
- Joer mama, ves tú, yo estoy haciendo los problemas de aplicación de las celdas galvánicas.
Pero al final Caperu tuvo que ir, por supuesto. Cuando salía por la puerta su querida madre le advirtió sobre el peligroso Lobo, un joven motero vendedor de maría y preñador profesional que andaba por el barrio. Como buena hija que era Caperu dio un pedazo de vuelta tonta para evitar el radio de acción del temido Lobo. Por el camino se encontró a una preciosa joven, la llamaremos María por eso de la originalidad, simpática, divertida, de buena familia y sin adicciones conocidas a parte de los sudokus. María y Caperu conectaron en seguida, pasearon un poquito, hablaron de casi todo, fueron a tomar café y gastaron un buen rato en los lavabos del bar haciendo una serie de cosas que no voy a explicar ahora mismo porque (recuerdo) esto es un cuento infantil. Al final se les hizo tarde, la abuelita debía estar ya con la tensión en Candanchú y Caperu tenía que irse, pero como nuestras tortolitas no querían despedirse todavía esta le propuso a María que la acompañara a casa de su yaya. Craso error, a las señoras de una cierta edad es mejor no molestarlas demasiado, y más aún si están enganchadas a CSI las Vegas:
- Caperucita, Caperucita, que amiguita más guapa tienes….- comentó la abuela, nada más verlas entrar por la puerta-
- Es una compañera de clase, yaya.- se salvó ella –
- ¿Y cómo es que vais tan despeinadas las dos?
- Hace mucho viento en la calle, abuela.
- Tienes un botón de la camisa roto.
- Pero que mucho mucho viento…
- ¿Y esa mancha que llevas en el cuello?
- Es un morado; me caí corriendo, yaya.
- Caperucita, pero si tu no corres ni para coger el tren….
En este momento la pobre protagonista de esta historia deseó poder esconderse dentro del estómago de un mamífero carnívoro cualquiera, por suerte María fue rápida y salió de allí pitando.
Y bueno…cuento contado, cuento acabado. No, no tiene un final romántico, pero es que Caperucita Roja no es un cuento de amor, sino un cuento se supervivencia en situaciones extremas, esas situaciones en que debemos enfrentarnos a unos seres terroríficos: nuestras abuelas.

Canciones tristes

Hoy es el día internacional LGBT-fobia y no pienso celebrarlo. Os pido, por favor, que no me juzguéis, pero seria un acto de hipocresía por mi parte si lo hiciera. Me explicaré.

El sábado vi la última edición de Eurovisión con mi madre, como hago cada año. Es una especie de tradición en familiar entre las dos, vemos el festival entero y comentamos la ropa/actuación/canción de todos los participantes. Pero esta vez no la disfruté como las anteriores. “Alguien se ha dejado la puerta del armario abierta” sería un buen resumen del mal rato que pasé, y ni siquiera es mío, sino de una dicharachera periodista de tertulias que se burlaba del tema poco rato después de la fiesta.
Pude soportar meterme con la pluma de aquella especie de imitador de Queen, y las carcajadas provocadas por el Trevesti tampoco me importaron demasiado. Entonces llegó Servia, un país desconocido para mí hasta el momento. El ojo clínico de mi madre lo dejó claro: “cantante marimacho y coro-orgía de amantes tortilleras”. Ella se rió de su ocurrencia.
De golpe conocí la vergüenza y, peor todavía, la vergüenza de haber sentido vergüenza. Porque sí, me callé. Con todo el dolor de mi alma, pero lo hice. “¿Si ella no te entiende, quién va a hacerlo?” Me preguntaran algunas y algunos. Lo que vosotros no sabéis es que el día que nací mi madre parió gemelas; yo y mi miedo. ¿Cuál es el día para curarme de esta fobia?

Nine Simone

Nombre: Nine simone

Fecha: 1988. Barcelona-España.

Profesión: estudiaba para vaga pero me cansé.

Descripción básica: Dos brazos, dos piernas sin depilar hace mil años, dos pies con cinco dedos cada uno (la última vez que me los conté) e igual en las manos. Hombros, cuello encima de los hombros y encima una cabeza sin utilidad demostrada hasta el momento. Ojos que ven la tele de vicio, boca para decir lo que me salga del coño y coño. Culo semiplano debido a su uso y tetas, un par. En fin, ¿qué os esperabais?